Iniciamos con esta una serie de mesas redondas para conocer, desde diferentes perspectivas, la situación laboral de los titulados que forma la UPV. La primera está dedicada a los ingenieros informáticos y participaron IGNACIO HERRERO, informático y gerente de AHORA Soluciones ERP-CRM; MIGUEL BORRÁS, informático y máster UPV, socio director de Antara Information Technology; EDUARDO VENDRELL, doctor en Informática y director de la ETS de Ingeniería Informática; PATRICIO MONTESINOS, informático y director del Centro de Formación Permanente de la UPV; HÉCTOR CABRERA, gerente del Colegio de Ingenieros Informáticos; y PABLO PALAZÓN, recién titulado en Informática por la UCLM.

Centrémonos en la vertiente laboral. Respecto a la situación de hace siete o diez años, ¿cuáles son en estos momentos las perspectivas de inserción laboral de un titulado en Ingeniería Superior Informática?, ¿cuál es el panorama salarial?
Ignacio Herrero.- Puedo hablar desde mi experiencia en la empresa que dirijo. Hace dos años publicábamos una oferta de empleo en Infojobs y a duras penas llegaba una docena de currículos en varios días. En los últimos dos meses se han incorporado a nuestra empresa cuatro personas y no hemos hecho proceso de selección porque hace mes y medio publicamos una oferta y, en cuarenta y ocho horas, tuvimos doscientas veinte candidaturas. Además, un 40% de los candidatos estaban trabajando; esto es, no tenían clara su estabilidad laboral.
En materia salarial, la antepenúltima persona que incorporamos se vino cobrando la mitad del salario que percibía en su empresa anterior. No creo, pues, que nuestro sector sea ajeno a la crisis, aunque nos ha afectado un poco más tarde.
Miguel Borrás.- Detecto entre los candidatos predisposición a una mayor movilidad. También hay una diferencia importante entre la gente que está trabajando y no se esfuerza por estar al día de las novedades tecnológicas, y quienes sí procuran mantenerse a la última en determinados entornos de trabajo. En tercer lugar, dependiendo de entornos de trabajo, se aprecia poco interés por adquirir formación en temas como idiomas.
En materia retributiva, no ha habido una gran evolución desde hace diez años. Hubo un arranque de los sueldos que no era sostenible y en estos momentos, sea por la coyuntura o por la valoración social del informático, las retribuciones están por debajo de lo que sería lógico. No solo las de los profesionales, sino también lo que facturan las empresas. El trabajo del informático está infravalorado.
Eduardo Vendrell.- Cuando los egresados vienen a recoger su título, dos años después de haber acabado la carrera, les hacemos encuestas que nos permiten saber su situación laboral. Estos datos nos dicen que, normalmente, los titulados han encontrado trabajo antes de esos dos años.
También hay un dato diferencial entre esta titulación y otras: muchos alumnos ya trabajan mientras estudian; al menos, en los últimos cursos de carrera.
Igualmente hay que decir que la mayoría de encuestados señala que la labor que desarrollan en la empresa no se adecúa a la formación recibida. Creo que eso se debe a que se contratan ingenieros informáticos para funciones sin necesidad de esa cualificación; la remuneración y el reconocimiento laboral se ven afectados. Pensemos que entre un 30% y 40% de los informáticos está trabajando en empresas de menos de 50 trabajadores. ¿Qué tipo de servicios demandan esas empresas a un ingeniero informático?
Patricio Montesinos.- Hoy hay tres tipos de puestos de trabajo para informáticos, independientemente si se es de grado medio o superior:
1.- Trabajar como informático en empresas, administrando la web, las bases de datos y las aplicaciones que estén instaladas. Ésta es la salida laboral para el 40% de nuestros titulados. A estos profesionales también les toca llevar la telefonía, cambiar la impresora si se estropea, etc. Es gente que debe ser muy polivalente y que no ha sido formada para serlo.
2.- Trabajo en empresas de desarrollo. Es un perfil distinto, orientado a desarrollo de software y al proyecto, y si esa formación no la tienen, se tienen que formar por su cuenta. La mayoría de empresas de desarrollo considera un defecto del alumno su escasa formación en gestión de proyectos e ingeniería del software.
3.- Hay un tercer tipo de perfil, el del informático desclasado, que se dedica a hacer gestión, marketing, temas de producción, calidad o que es director de proyectos de innovación o de I+D. Son puestos para los que se requiere una capacidad de análisis sintético, para la que los informáticos estamos preparados. Este perfil es el minoritario y es para el que estamos más preparados. En cualquier caso, un informático no está orientado a la gestión de una pyme ni para integrarse en un equipo de proyecto.
Pablo Palazón.- Soy desarrollador técnico de software y tengo dos años de experiencia laboral. Siempre he trabajado en equipos pequeños, un trabajo muy individual, en el que cada uno tiene que desarrollar su parte, con lo que acabas especializándote en una temática, pero cuando entras en el mundo profesional tienes que lograr desarrollos estables, fiables, seguros, ampliables, mantenibles, etc. En la carrera estas cosas no se ven, no se nos exigen en las prácticas. En la empresa, los desarrollos tienen que reunir unos requisitos horizontales que no nos enseñan durante la formación.
Otro de los problemas a los que nos enfrentamos es que en la formación se ve solamente un lenguaje de programación, que tiene unas limitaciones y con el cual no podemos desarrollar al completo una aplicación. Al finalizar la carrera, estuve cuatro o cinco meses sin empleo, en los que estuve formándome por mi cuenta y encontré trabajo gracias a la especialización en la que me autoformé, aprendiendo una tecnología bastante moderna.
Héctor Cabrera.- Pienso que la infravaloración que existe en el mercado de los ingenieros informáticos tiene dos causas. De una parte, los titulados deberían ser profesionales con una alta cualificación y alto grado de movilidad. Si esto no sucede, tendrán menos oportunidades porque el tejido empresarial aquí lo forman pymes y sus necesidades tecnológicas son menores, así como sus proyectos. Cuando son demasiado conformistas, acaban en puestos para los que están sobrecualificados.
Por otra parte, esta ingeniería tiene solo treinta años de vida y no ha habido tiempo ni voluntad política de regular la profesión, establecer qué es lo que hace un ingeniero informático, tanto por cuenta ajena como por cuenta propia.
Podría haber un convenio laboral que regulase la profesión de los ingenieros informáticos que trabajan por cuenta ajena, pero creo que solo hay dos empresas grandes (Indra y Getronics) que tienen un convenio en el que se establecen las funciones, requerimientos y tareas específicas del ingeniero informático.
Por lo que respecta a los profesionales por cuenta propia, estamos viendo que hay una falta total de espíritu emprendedor entre la gente que sale de la Universidad. No contemplan como salida profesional establecer su propia empresa. Creo que esto se debe a dos causas: la formación empresarial de los titulados debería ser mucho más amplia (economía de la empresa, gestión financiera, etc.); en segundo lugar, haría falta un marco regulatorio.
Pese a la tradición de colegiación y regulación de las competencias profesionales que hay en España, en nuestro caso no existe tal porque somos una ingeniería joven. Y esto afecta para que los titulados no creen su propio despacho de ingeniería, que sería una salida lógica.
¿Están sincronizadas la formación universitaria y las expectativas y necesidades de las empresas? ¿Qué posibilidades ofrece la universidad a sus egresados para formación y reciclaje?
Ignacio Herrero.- Hay una gran carencia en formación sobre modelos de gestión y organización empresarial. Yo también lo sufrí hace años. La realidad de la formación universitaria con la empresa es que no están para nada ajustados. El conocimiento que tiene el universitario en el área de gestión y en cultura empresarial es nulo: no saben como funciona una empresa o qué es un albarán, un efecto bancario o un bono de producción.
Si a esto añadimos que la visión que hay en el mundo empresarial con respecto a lo que podríamos aportar a la empresa es, a menudo, escasa, tenemos que el empresario y el cliente tiende a comprar a bajo precio. Debemos aprender a vendernos y valorarnos ante la empresa.
Miguel Borrás.- Es buena disciplina trabajar y estudiar a la vez. A mí me ocurrió, empecé a trabajar entre segundo y tercero y me vino muy bien. Desde luego, fue duro y, probablemente, el rendimiento académico no sea el mismo. Pero tampoco eso es algo que como empleador mire; no me importa si ha sacado un 8 o un 6 en tal asignatura. Eso es interesante para quien quiere quedarse como becario y luego como profesor universitario, pero no en la empresa. Patricio y yo participamos en la creación de la primera junior empresa que se creó en España en informática y telecomunicaciones según el modelo francés.
Por otra parte, hay que fomentar la imaginación. Cuando contratamos a alguien, el objetivo es atraer talento, gente que aporte ideas, que vea un problema y proponga soluciones. La Universidad no debería formar en una tecnología u otra para que sus egresados sean productivos inmediatamente. Eso es inabarcable porque la Universidad siempre llegaría tarde, no tiene capacidad para evolucionar sus planes de estudio tan rápidamente como para adecuarse a la tecnología que se mueve en el mercado. La persona que sale de la Universidad tiene que ser capaz de enfocar problemas y no solo tecnológicos.
La Universidad forma candidatos a empleados, pero no forma empleadores. Y otro tema es la preparación en la gestión de personas. Los ingenieros egresados deben estar preparados para dirigir personas, si bien de la Universidad no se sale preparado para eso.
Patricio Montesinos.- Tras treinta años de titulación, es momento de reflexionar de la mano de los que están fuera, porque son ellos los que están contratando. Los nuevos grados permiten en cuatro años dar una formación base muy sólida, que toque muchos aspectos que antes no se tocaban. Hay que ser conscientes de que, cuando se diseñó la carrera de Informática, quienes lo hicieron tuvieron que imaginar qué era lo que iba a necesitar el mercado sin tener interlocutores reales de nuestra profesión. Y ha sido de agradecer el afortunado esfuerzo que los diseñadores de la informática original hicieron para imaginar lo que iba a ser necesario. La ventaja es que ahora ya no hay que imaginar, es momento de preguntar a la profesión y a los empresarios qué necesitan.
Eduardo Vendrell.- Nos hemos dado cuenta de que la Universidad no tiene capacidad de respuesta ágil a las demandas sociales para cambiar sus planes de estudio. Tenemos que dar una formación lo más robusta posible en el nivel medio y creando las especialidades adecuadas en los másteres de postgrado. Otra cosa es la experiencia profesional: cuando más se aprende es trabajando, pero tenemos un problema con los contenidos de las prácticas en empresas.
Tanto la Universidad como los alumnos deberían velar más por la calidad de las prácticas, y las empresas no deberían aprovecharse. Las prácticas deberían servir para dar calidad a las titulaciones, pero no lo hacen.
Por último, ¿qué hacer para conseguir mayor reconocimiento social para la profesión de ingeniero informático?
Héctor Cabrera.- Para lograr el reconocimiento social adecuado creo que la clave está en regular la profesión, de forma que la sociedad tenga clara la diferencia entre un ingeniero informático y un titulado en formación profesional. Además, una clarificación normativa de funciones beneficiará a los clientes, pues mejorará la calidad de los proyectos, sus resultados y por tanto ayudará a que las empresas que adquieren una nueva tecnología sean más competitivas.
Pablo Palazón.- Un informático es un ingeniero, debe ser capaz de enfrentarse a problemas y saber cómo resolverlos. Debe saber combinar las herramientas que tiene a su disposición para poder llevar a cabo sus tareas, y debe estar formado para ello. Actualmente se ve al informático como alguien que puede hacer todo.
Patricio Montesinos.- Ahora tenemos una buena oportunidad para mejorar respecto a estos últimos treinta años: que la Universidad ponga la oreja a lo que dice la empresa y que esta comunicación se sistematice. No podemos diseñar los grados pensando en el 10% de los puestos de trabajo viendo solo lo que sabemos y podemos enseñar. Para mejorar, tenemos que diseñar másteres que realmente especialicen y grados que miren las necesidades de la sociedad y de las empresas.
Miguel Borrás.- La superespecialización es peligrosa porque si cambia el mercado nos podemos quedar sin margen para maniobrar. Hay que encontrar el equilibrio.
Ignacio Herrero.- A los recién titulados les diría que se enfrenten a su inserción laboral siendo flexibles, mirando más allá de convenios: ve allí donde creas que puedas progresar y aprender, y que te ofrezcan unas condiciones aceptables; y esfuérzate. Creo que la formación universitaria que reciben no es la adecuada: contratar a un informático un año antes de que empiece a ser productivo no es la situación óptima.