En la presente edición de POLIVALENCIA, chequeamos la situación profesional de los arquitectos. En la mesa redonda participaron: Ana Llopis, directora de la ETS de Arquitectura de la UPV; Isabel Navarro, en representación del Colegio, y tres profesionales en ejercio, formados en la Escuela de Valencia; Ángela Cardiel, Jose Mª Tomás Llavador y Juan Ranchal, éste último miembro de la Junta Directiva de la Asociación.
En el contexto de crisis actual, con especial incidencia en la actividad inmobiliaria y constructora, ¿cuál es la situación laboral del recién titulado en arquitectura?

ISABEL NAVARRO.- La situación actual esta ligada a la crisis económica y, sobre todo, a la crisis en el sector de la construcción. Hoy es difícil para los jóvenes encontrar un empleo al acabar los estudios. Pese a ello, desde el Colegio hemos observado una paradoja: pese a la menor demanda de trabajo, aumenta el número de colegiaciones porque aumenta el número de estudiantes de arquitectura.
En España tenemos unos 50.000 arquitectos y otros 50.000 estudiantes de arquitectura. En un plazo de unos 5 ó 6 años habremos duplicado el número de arquitectos en la calle. En la Comunidad Valenciana tenemos unos 5.000 arquitectos y otros 5.000 estudiantes de arquitectura.
ANA LLOPIS.- Los datos que tengo de la Escuela son de hace dos o tres años, cuando la crisis realmente solo estaba empezando; aún no tenemos los datos del año pasado. Hasta hace dos o tres promociones, prácticamente en un año los egresados se colocaban en puestos relacionados con la profesión.
Por otra parte, los estudios de arquitectura proporcionan una sólida formación en muchas materias que aumenta las posibilidades de trabajo. El modelo tradicional de arquitecto es el que se está viendo muy afectado, pero tenemos otras salidas profesionales y tenemos posibilidades de colaborar, de realizar trabajos en equipo, para que no se subemplee tanto a los recién titulados.
JOSÉ Mª TOMÁS.- En el año 80, cuando terminé la carrera, en este país nos encontrábamos en un proceso de crisis tremenda y creo que ahora estamos en una situación similar. España es un gran país en Europa, pero que tiene que evolucionar y adaptarse a las nuevas maneras que se están imponiendo.
Las Escuelas de Arquitectura, como la de la UPV, dan una formación muy amplia y profunda para poder solucionar cualquier problema relacionado con nuestra actividad: técnico, sobre la ciudad, sobre el territorio, etc. Las áreas de actuación de la arquitectura son muchas y los arquitectos politécnicos debieran de ser conscientes de ello e introducirse en el mercado con una visión más amplia.
Además, también deberíamos adaptar nuestras estructuras y modelos de producción. Tenemos que fijarnos como trabajan en otros países, como Inglaterra o Alemania, donde tienen estructuras más fuertes. Nosotros tenemos que competir en Europa con ellos y por eso, en la Escuela, quizá se deberían incluir estudios para mejorar la organización, la gestión de los recursos y equipos humanos. Esto sería fundamental.
ÁNGELA CARDIEL.- Creo que merece destacarse la situación en la que nos encontramos los recién titulados. No es sólo que hay menos posibilidades empleo, sino que las condiciones de trabajo con las que nos encontramos son cada vez peores. Tenemos que elegir entre el paro y un trabajo precario.
Nos ofrecen contratos temporales sin ningún tipo de seguridad ni estabilidad. Tenemos que estar dispuestos a trabajar 24 horas, 7 días a la semana, porque si no lo haces tú lo va a hacer otro. E incluso debemos estar agradecidos pues se nos da la oportunidad de iniciarnos en la profesión y aprender. Es decir, al salir de la Escuela realmente tenemos que empezar a “aprender” en qué consiste nuestra profesión.
Una solución creo que estaría en la opción de orientarnos y formarnos como empresarios, que es uno de los puntos débiles de la Escuela. Necesitamos aprender a coordinar una empresa y a nuestros empleados. Eso es algo que echo en falta.
JUAN RANCHAL.- Los datos más recientes de que disponemos sobre inserción y desempleo entre la profesión se desprenden de la encuesta que promovió el Colegio de Arquitectos a finales de 2008, publicada en marzo de 2009. El resultado es que, entre los menores de 34 años, el 70% está en situación de falso autónomo o autónomo dependiente. Se corresponde con los arquitectos titulados hace 4, 5 ó 6 años. En este sector de edad el nivel de dependencia es absoluto. En cambio, si tomamos al conjunto de la profesión, un 70% tiene despacho propio. Y de éstos, aproximadamente un 50% son empleadores de compañeros (en régimen de contrato o como autónomos dependientes). En cambio, la encuesta de 2005 hablaba de un 90% de los colegiados con despacho propio
ANA LLOPIS.- Un momento de crisis como el actual también es un momento de oportunidad para cambiar el modelo y la forma de trabajar, como ha comentado José María. Los arquitectos tenemos muchas posibilidades y los jóvenes, si están bien formados, tienen muchos campos en los que pueden hacer valer sus conocimientos: gestión económica, cálculo de estructuras, instalaciones, etc.
Hoy, un arquitecto solo no puede abarcar con profundidad todos los conocimientos que se necesitan para desarrollar un proyecto, y otras profesiones están cogiendo competencias que nosotros podemos desarrollar. Por ejemplo, hay fantásticos calculistas de estructuras arquitectos que, además, tienen una visión generalista importante y pueden realizar ese trabajo a la perfección. ¿Por qué no hacemos valer esto?
JOSÉ Mª TOMÁS.- Cuando termine la carrera el mercado laboral estaba también muy complicado; no había trabajo. Te incorporabas al mercado laboral trabajando para los pocos estudios que había, haciendo las horas que hiciera falta en delineación y aprendiendo cómo se hacia un expediente o como se montaba una memoria de proyecto. En suma, trabajabas de aprendiz. Este es el modelo histórico.
En el siglo XXI esta situación no se puede dar. Tenemos que adaptarnos al mercado. Recordemos que la calidad de la enseñanza de arquitectura en España es muy buena. pero la sociedad ac-tual demanda muchas cosas; hay mucha exigencia por parte de los clientes y de la sociedad; en las obras surgen muchos problemas que hay que saber solucionar. Es muy difícil afrontar estos problemas con estudios pequeños, incluso unipersonales. Debemos mirar hacia el exterior y ver lo que hacen los demás.
En los años 80 nos encontramos con un mercado de 35 millones de españoles y ahora debemos pensar que nuestro mercado son los 500 millones de europeos, porque tenemos mucho que aportar al mercado europeo, pero ¿a cuantos concursos europeos nos presentamos los españoles? A muy pocos. Y no es un tema de conocimientos técnicos, sino de capacidad de los estudios y de organización.
Desde la perspectiva del ejercicio profesional de la arquitectura, ¿cómo se valora la formación recibida en la Escuela, qué debería cambiarse y, en su caso, en qué sentido?
JUAN RANCHAL.- En general, el modelo que se nos inculca en la mayoría de las Escuelas de Arquitectura de España nos hace albergar unas expectativas que a la postre se ven frustradas. La enseñanza está –lógicamente- orientada hacia los aspectos creativos y de diseño, suficientemente atendidos los técnicos pero muy descuidados los gerenciales, de modo que cuando acabas la carrera te enfrentas a un mercado agresivo que pone en evidencia nuestras carencias formativas y capacidades empresariales.
ÁNGELA CARDIEL.- En mi opinión hay dos carencias fundamentales, por un lado, como ya he mencionado, la de conocer cómo se pone en marcha una empresa y cómo se coordina un equipo de trabajo y, por otro lado, el enfatizar un mayor desarrollo de la aptitud de dar respuestas rápidas al vernos obligados a enfrentarnos a la avalancha de concursos que surgen casi diariamente. Creo que en la Escuela se nos prepara técnicamente, pero necesitamos aprender a ser resolutivos y potenciar la capacidad teórica de sintetizar lo fundamental clara y esquemáticamente. Tanto desde la Escuela como desde el Colegio se debería ofrecer formación en ambos aspectos.
JUAN RANCHAL.- Creo que hay una gran distancia entre el mundo de la empresa y el mundo de la Universidad y por ello me parece fundamental que el profesor universitario esté pegado a la realidad y que sea profesional ejerciente. Valoro mucho que entre el cuadro de profesores de la Escuela de Arquitectura de Valencia haya tan buenos profesionales en activo, porque sostengo que en nuestra disciplina la verdadera investigación se hace en la calle.
Por otra parte, el arquitecto necesita estar en reciclaje permanente; más con los cambios normativos que estamos viviendo últimamente en nuestro sector.
ISABEL NAVARRO.- Actualmente estamos a expensas de la “ley ómnibus”, que afecta a los Colegios de lleno, a nuestras competencias y a nuestra existencia. Pero tenemos claro que alguna estructura organizativa tendrá que haber y el Colegio ha decidido que nuestra principal línea de trabajo será la formación. Los cambios legislativos están a la orden del día y tenemos que seguir ofertando formación, dando servicio a nuestro colectivo.
Por otro lado, tenemos también la posibilidad de convertir al Colegio en docente de masters. Por ejemplo, en el Colegio de Alicante ya tienen apalabrado un master con una Universidad. Este tipo de formación, pese a ser cara, tiene muy buena acogida.
ANA LLOPIS.- Desde la Escuela nos preocupa el tema de las carencias en la formación. Lo que comentaba Ángela es verdad: el recién titulado se queja de que hay una desproporción y desconexión entre la formación teórica y formación práctica. Les parece que la formación teórica está bien, pero la práctica no. Me gustaría abordar estos temas en el nuevo Plan de Estudios.
Me parece muy interesante lo que comentabas de aprender a dar respuestas rápidas a los requerimientos del mercado. Es muy importante, pero es un tema de aptitud, que debe lograrse de forma transversal a las materias, igual que el trabajo en equipo o la capacidad de liderazgo.
Por otra parte, en efecto es importante que entre nuestro profesorado haya profesionales en activo, porque podemos perder el contacto con la realidad: nuevas tecnologías, nuevos materia-les, etc. Pero también es importante la coexistencia con la figura del docente e investigador. Hoy, aproximadamente un tercio de los profesores de Arquitectura son profesores asociados, es decir que están más en contacto con el ejercicio profesional
JOSÉ Mª TOMÁS.- La Universidad no se puede convertir en un instituto de formación profesional. El objetivo de la Universidad es formar profesionales que tengan la capacidad y el criterio suficiente para abordar problemas complejos dentro de nuestro campo. Eso es absolutamente irrenunciable. Si rebajamos la capacidad de análisis y de síntesis en nuestra disciplina, estaremos estafando a la sociedad, porque no seremos capaces de resolver los problemas que se nos planteen. La formación específica o en aquellas competencias que cada uno tenga menos des-arrolladas es posterior.
Como empresario, la valoración de los candidatos para un puesto de trabajo depende de la función para la que se le contrata. Una de las cosas más importantes es el conocimiento de idiomas y, después, la capacidad de trabajar y crear equipo, de tener un proyecto común. La especialización para mí es secundaria, porque sé que la base formativa es muy buena. Cuando son candidatos extranjeros si que me fijo mucho en sus conocimientos, porque el hecho de que sea un arquitecto de Madrid, Barcelona o Valencia ya es una garantía.
ANA LLOPIS.- Según la legislación actual, el arquitecto tiene muchas competencias, pero hay que especializarse: hay que competir por conocimientos y no porque las ley nos ampare. En las áreas en las que hay conflicto, tenemos que demostrar que tenemos más capacidades que los otros profesionales para llevar a cabo los trabajos.
El tema de los idiomas es muy importante. Una de las cosas que peor valoran los egresados de nuestra Escuela es la formación en idiomas. Es algo que en los nuevos planes hemos tratado de subsanar. Se va a exigir a todos los alumnos que finalicen los nuevos grados un nivel de idioma B2, así que nos tenemos que poner las pilas.
¿Consideran adecuada la valoración social que hay de los arquitectos en estos momentos?
JUAN RANCHAL.- El tema de la imagen de la profesión es algo a lo que no se ha dado demasiada importancia, pero la crisis ha removido nuestros cimientos y creo que si debe preocuparnos la percepción social del arquitecto.
De una parte, el aumento de la demanda redujo el nivel de exigencia y, además, el ‘boom’ del ladrillo ha propiciado el “todo vale”, porque todo se vendía. Creo que esto ha sido negativo. El mercado no debe mandar.
En este sentido, la crisis, por su génesis y sus secuelas, está jugando a la contra del arquitecto, que se ha visto, en cierta manera, desprestigiado socialmente. De hecho, un tercio de los arquitectos percibe que la sociedad tiene una valoración no buena del arquitecto. Hay que reconducir la imagen pública de la profesión, sobre todo por tratarse de una disciplina con un nivel de responsabilidad social tan alto.
JOSÉ Mª TOMÁS.- Yo creo que los Colegios deben ofrecer su colaboración a la Administración para solucionar los problemas que hay encima de la mesa. Por ejemplo, en la Ley de Edificación no se ha tenido en cuenta al colectivo de arquitectos y esto es un error. Nosotros somos los que tenemos que ponernos a disposición de la Administración para colaborar y para encontrar juntos las mejores soluciones. Creo que esta es nuestra obligación.
ÁNGELA CARDIEL.- La sociedad ahora mismo no sabe muy bien cuál es la función del arquitecto, no se conocen nuestras competencias profesionales. Ignoro si como secuela del último ‘boom’ inmobiliario, pero la profesión de arquitecto se ha desprestigiado. Debemos conseguir que se recupere la noción de que trabajamos por ofrecer un espacio óptimo.
ISABEL NAVARRO.- Pese a todo, creo que la percepción social del arquitecto es buena. La sociedad es consciente de que detrás de esta profesión hay una formación importante. La debacle de estos últimos años ha dañado a la figura del arquitecto pero, sobretodo, la de quienes nos rodean: constructores, promotores, etc. El arquitecto está bien valorado, como un técnico capaz y responsable. En cualquier caso, el mercado pondrá a todo el mundo a su sitio.