Jueves, 1 de marzo de 2012
Mesa Redonda

Analizamos la titulación de Telecomunicaciones

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Salvador Martínez

En esta edición de Polivalencia, analizamos la situación de la Ingeniería de Telecomunicaciones. Participan en la mesa Juan Vte. Balbastre, director de la ETSIT; Sergio Riolobos, decano del Colegio de Ingenieros de la Comunitat; Javier Martí, investigador universitario y empresario del sector; y Sol Fernández y Pablo Farinós, titulados de la ETSIT que trabajan para France Telecom y Mercadona, respectivamente.


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Desde una perspectiva laboral, ¿en qué situación se encuentran los ingenieros de telecomunicaciones?

Pablo Farinós: Nosotros tuvimos nuestra propia crisis con la burbuja tecnológica, por lo que tenemos experiencia en crisis. Las perspectivas laborales que me encontré al acabar la carrera no eran las mismas que tenían los que terminaban cuando yo empecé a estudiar, pero, también es cierto que no tengo ningún compañero de promoción en paro: todos encontramos trabajo en pocos meses.

telecos_farinos.jpgAhora bien, muchos compañeros están contratados en puestos para los que están sobrecualificados, porque muchas empresas están contratando ingenieros para puestos que no son de ingenieros, pagándoles salarios que no se corresponden con su cualificación.

Somos ingenieros de telecomunicaciones, con una especialización y cualificación muy concreta, pero antes que eso somos ingenieros; es decir, personas capaces de aplicar el ingenio para resolver problemas complejos.

Juan Vte. Balbastre: Hasta hace poco más de un año, el tiempo para conseguir el primer empleo en esta titulación era de meses y el nivel de satisfacción con el primer empleo era razonable: un 70% de los encuestados estaban “satisfechos” o “muy satisfechos”. La percepción que tengo como director de la Escuela es que las perspectivas laborales no son malas, teniendo en cuenta el contexto actual. Quizá, el sector de las telecomunicaciones está siendo afectado en menor medida por la crisis; al menos, hasta el año pasado.

Por otra parte, somos una ingeniería que tiene la ventaja de tener un carácter transversal; es decir, podemos trabajar en cualquier sector productivo además de ser un sector en sí mismo. Podemos estar en la distribución, en banca, en el sector sanitario, en logística, etc. La barrera de acceso al mundo laboral es fácil de superar gracias a ese carácter transversal de nuestra titulación.

En cualquier caso, la oferta de formación en ingeniería de telecomunicaciones en España no parece que sea muy ajustada a nuestra realidad económico-empresarial. En España 33 escuelas ofertan el título de Ingeniería de Telecomunicación y al menos 38 imparten algún grado relacionado con la rama de las telecomunicaciones. El problema se agrava porque la inmensa mayoría de las escuelas han optado por impartir varios grados para la misma especialización, dentro de pocos años en este país tendremos cerca de 70 titulaciones de grado diferentes en telecomunicaciones.

Francia, con un PIB superior al nuestro y cuyo sector electrónico y de telecomunicaciones no ha sido desmantelado, apenas tiene media docena de Grandes Écoles (el equivalente a nuestras Escuelas Superiores) que imparten la titulación de Telecomunicaciones.

Cuando una empresa está pagando a un ingeniero de Telecomunicaciones 15.000 euros al año, significa que esta no necesita un ingeniero o que la saturación de titulados hace que en España un ingeniero sea muy barato. Los titulados que completan su formación en el extranjero y se quedan a trabajar fuera (cuanto más al norte mejor), pueden estar multiplicando por tres los ingresos que obtendrían en España.

No es de extrañar, pues, que una parte importante de nuestros titulados se queden en los países europeos donde terminan su formación; al menos, durante un tiempo. La ETSIT es la Escuela de la UPV que, en términos porcentuales, envía a más estudiantes al extranjero. Y muchos se quedan porque son conscientes de que la situación laboral fuera es mucho mejor que la española.

Javier Martí: Si tengo que medir la situación laboral por el número de currículo que nos llegan, mi visión es que, prácticamente, no hay problema, porque apenas nos llegan de ingenieros de Telecomunicaciones de Valencia. Sí nos llegan muchos de gente de fuera, pero no de aquí. Y es curioso porque además, tenemos un programa de becas vinculado a una cátedra de esta Escuela. Por lo tanto, debo concluir que el acceso al mercado laboral para los alumnos de nuestra Escuela no está muy mal.

Como ha dicho nuestro director, la formación en Telecomunicaciones es de carácter transversal y esto ayuda mucho de cara al mercado laboral, porque las TIC se encuentran en todas las áreas de producción. También coincido con lo que se decía de que el problema estriba en la sobreproducción y saturación de titulados, por lo que estamos ante un problema de planificación.

telecos_sol.jpgSol Fernández: Nuestro sector es muy cíclico en sus crisis: cada 8-10 años tenemos una. Y esto nos ha enseñado a adaptarnos. Por lo tanto, el tema no es empleo o paro, sino empleo, ¿dónde y cómo? A los valencianos nos gusta estar y trabajar en casa. Cuando mi promoción acabó, un 80% se fueron fuera. Pues bien, todos los que han podido volver lo han hecho. En nuestra profesión, encontrar un trabajo en el que estés bien en Valencia es complicado, pero encontrar un trabajo sin más, no tanto.

Yo trabajo en Orange y nosotros y las empresas que trabajan con nosotros contratan mucha gente, pero a una media de 18.000 euros al año, haciendo 4.000 kilómetros al mes. Sé que no es un empleo que ilusione a un ingeniero en telecomunicaciones, pero es un primer puesto de trabajo. Así pues, con la crisis ha habido una degradación de las expectativas laborales en el primer empleo. Y hay hay gente que ha perdido el trabajo y ha tenido que volver a esos comienzos.

Respecto al tema de la sobrecualificación, tengo que decir que, en mi ejercicio diario, buena parte de la formación recibida en la Escuela nunca la he utilizado. Pero también debo decir que todos los que ocupan puestos de responsabilidad a mi alrededor tienen una ingeniería.

Creo, pues, que esa formación recibida nos da un perfil, una forma de enfrentar los problemas del día a día, que nos lleva a puestos de responsabilidad en mayor medida que los que tienen una formación profesional o media.

telecos_riolobos.jpgSergio Riolobos: Los datos que puedo aportar como decano del Colegio son de la Comunitat. Desde el punto de vista del empleo, sobre un colectivo de poco más de 900 colegiados, la tasa de desempleo se sitúa entre el 2,7 y el 3,1%; y alguno de los censados como demandantes lo es porque se está formando en algún tipo de máster. Además, las perspectivas laborales son buenas: en estos momentos tenemos cuatro veces más ofertas de empleo (más de 90), que compañeros demandándolo. Hay ofertas de trabajo para las que no encontramos perfil, bien porque es muy especializado o bien porque se requieren conocimientos o competencias adicionales para los que la gente se está formando.

Hay que tener presente que un 34% de los ingenieros de Telecomunicaciones que trabajamos en esta Comunitat nos dedicamos a labores de gestión o dirección. El resto son técnicos. Esto demuestra la importancia de tener competencias y habilidades directivas y de gestión de equipos.

Con relación a lo que se está comentando y pensando en el trabajo disponible en esta Comunitat, sí salimos sobrecualificados, pero no sobreformados. Si te quedas a trabajar aquí, de un ingeniero se espera que, además de dirigir y ejecutar un proyecto, sea gestor y líder, y que haga coaching de la gente nueva que entra. Y si además, tienes habilidades de venta, entonces ya es perfecto.

Dada la realidad sociolaboral que acaban de describir, ¿qué ajustes deberían producirse, en su caso, en la formación que oferta la ETSIT de la Politécnica de Valencia?

telecos_balbastre.jpgJuan Vte. Balbastre: Por lo dicho, parece que estamos formando ingenieros para cubrir puestos de técnicos medios y, por otra parte, hay materias, como la administración o la gestión, que no tienen una presencia dentro de los currículo de las titulaciones, como necesitarían los titulados.

Ambos temas no son nuevos. Si en el 99 se firmó la Declaración de Bolonia, en 2000 ya organizamos un Congreso en la Politécnica de Madrid, para analizar y debatir qué perfil profesional esperaban las empresas presentes en España del ingeniero de telecomunicaciones. Las conclusiones fueron claras: el ingeniero de Telecomunicaciones debería salir con mucha más capacidad de gestión, con conocimientos de dirección y administración de empresas y hablando inglés nativo.

Y entonces, se planteó la gran pregunta: ¿qué asignaturas suprimimos de las que impartimos actualmente, para incluir estas? ¿Quitamos antenas, quitamos radio, quitamos electrónica…? Porque los tiempos del ciclo formativo son los que son. Y la conclusión a la que ya entonces se llegó fue clara: el ingeniero tiene que salir formado como ingeniero; lo otro es además.

Esas disciplinas, que en ocasiones se caracterizan por su complejidad técnica y su escasa aplica-bilidad en el trabajo diario, le dan al estudiante una formación y una capacidad que no tienen ni los titulados de formación profesional ni aquellos que se forman exclusivamente en gestión y dirección. ¿Por qué los altos mandos son ingenieros y no economistas? Porque la componente tecnológica de su formación les da una genética y una formación de base razonablemente adaptada a la tecnología. Luego viene la gestión, la economía. Si una empresa o un profesional lo que quiere son conocimientos de economía y gestión, lo que debe contratar o estudiar es Económicas o ADE.

Es cierto que los planes de estudios deberían recoger en mayor medida esas competencias, pero las ingenierías, además, tenemos un problema: somos una profesión regulada. El 75% del contenido de los grados y prácticamente el 100% del contenido de los másteres viene fijado por el Estado. Esto nos deja un margen de maniobra a las escuelas relativamente escaso.

telecos_marti.jpgJavier Martí: Creo que lo de la formación para la empleabilidad es recurrente en todas las titulaciones del sistema universitario: empleabilidad para lo que hay hoy y aquí, o empleabilidad para lo que habrá o debería haber en el futuro.

Por otra parte, llevo 22 años dando clase en la Universidad y he visto que los chicos que entraban aquí hace años tenían unas notas de corte excelentes y el director de la Escuela sabe que eso no ha sido así en los últimos años.

Considerando todo esto, creo que la Escuela se asemeja bastante a un gimnasio. Los alumnos lo que hacen en la Escuela es gimnasia mental, ejercitan la mente, su capacidad de abstracción y razonamiento. Y es esa capacidad, más los conocimientos concretos y prácticos adquiridos en cursos específicos, lo que les ayuda a superar las pruebas del mercado real. Además, esos conocimientos concretos y prácticos va a tener que ir reciclándolos durante su vida profesional, mientras que la capacidad de abstracción y razonamiento es la que permanecerá.

La formación en la Escuela tiene que posibilitar un ciclo de vida profesional largo al ingeniero y, dado que las TIC cambian tan rápido, creo que la formación que debe proporcionar la Escuela es de la que se dice que no sirve para nada. No servirá para trabajar en algo concreto, pero sirve para que la mente del ingeniero esté preparada para asimilar y aplicar los cambios tecnológicos.

Pablo Farinós: Lo que más valoro de mi paso por la Universidad es la estructura mental que me ha dejado. Y lo valoro yo y creo que lo valora el que me da empleo. Me sorprendo cuando encuentro gente que dice que su paso por la Escuela no le ha servido de nada. Pretender que la Universidad se adapte al mercado con la velocidad de cambio que existe es imposible. Por lo tanto, hay que centrar la formación universitaria en lo que nos aporta valor como ingenieros, que es la estructura mental y la capacidad de abstracción.

A esto añadiría la formación en idiomas porque, cuando tienes la suerte de poder salir al extranjero, te das cuenta que, en comparación con los compañeros de otros países, en España estamos muy por debajo en nivel de inglés. No sé cómo se podría abordar este tema desde la perspectiva universitaria, pero está claro que ahí tenemos mucho margen de mejora.

Javier Martí: Estoy de acuerdo, la formación en idiomas es fundamental. Al respecto, soy radical: pienso que las asignaturas de la titulación deberían darse todas en inglés desde primero. Si queremos movernos en un entorno global, el inglés es la lengua profesional por excelencia.

Al menos, debería haber una línea toda en inglés, porque es lo que le permitirá luego al alumno estar en el mercado internacional.

Juan Vte. Balbastre: Estamos obligados a impartir la docencia en las lenguas oficiales: castellano y valenciano. Lo que la UPV ha decidido es exigir un nivel de lengua extranjera para poder obtener el título. No es necesario que esta formación se adquiera en la Universidad, aunque esta ofertará cursos para que el alumno que no tenga el nivel requerido lo pueda obtener.

Sergio Riolobos: Además de reforzar la enseñanza de idiomas, que es fundamental, retomando uno de los temas que hemos apuntado antes, también tendría que mejorarse el desarrollo de habilidades directivas y de gestión, aunque sea en la última etapa del ciclo formativo.

Juan Vte. Balbastre: Ahora mismo hay que cursar nueve créditos de gestión, para los que se ofertan 18. Tenemos cuatro asignaturas y hay alguna de libre elección.

¿Cómo creen que valora la sociedad la figura del ingeniero de Telecomunicaciones?

Javier Martí: La ingeniería de Telecomunicaciones ha ocupado todo el espacio socialmente disponible, sin distinguir lo que antes eran ingenierías técnicas e ingenierías superiores. ¿Un ingeniero en Telecomunicaciones sirve para arreglar una radio? No tenemos otra referencia, porque ¿quién arregla las radios y qué formación tiene?

Hay un problema de comunicación porque telecomunicación es todo y la sociedad no tiene la percepción de que hay niveles intermedios de calidad. Cree que un ingeniero de Telecomunicaciones ha recibido una formación para hacer todas esas cosas.

Juan Vte. Balbastre: Empiezan a haber ciclos formativos de grado medio y superior que incluyen la palabra telecomunicaciones, pero el problema que se apunta es cierto. La gente sabe que un ingeniero industrial no arregla coches, que eso lo hace el mecánico, pero no ocurre lo mismo con las telecomunicaciones.

Por otra parte, la ingeniería en telecomunicaciones tiene un problema intrínseco: su invisibilidad. ¿Cuál es el objetivo de un ingeniero de Caminos? Hacer el mejor puente, y cuando uno pasa por uno de ellos, sabe que detrás hay un ingeniero de Caminos. En cambio, cuando hablas por un móvil con alguien que está en la otra punta del mundo, nadie es consciente de la tecnología que hay detrás de esa conversación.

El trabajo de un ingeniero de Telecomunicaciones no se nota, pero si se nota que no se recibe la señal de televisión o se han caído las redes telefónicas. Sin telecomunicaciones hoy los aviones no podrían volar, los supermercados no funcionarían, ni la bolsa… pero la gente no lo sabe.

Sergio Riolobos: El posicionamiento del ingeniero es una de las nueve líneas de actuación del programa del Colegio. A pesar de que contamos un presupuesto reducido, estamos realizando múltiples acciones en esta línea, entre las que se incluye la transmisión de casos de éxito de nuestros compañeros, la organización de eventos sectoriales y eventos dirigidos a empresas (como los "TIC Tank") y a la sociedad en general.

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