Viernes, 2 de marzo de 2012
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¡La que está cayendo! (2ª parte)

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Justo Nieto

¡Qué menos que el futuro (tramo que va desde cada hoy en adelante) sea pensado, ya sea el futuro de un Ser Humano, Familia, Empresa, Institución…! Si así fuera, parece de buen sentido suponer que se reducirían muchas incertidumbres y desviaciones a la hora de lograr objetivos razonables. Creo que esto es así, aunque haya exceso de ejemplos contrarios en donde el conocimiento(*) ni existe, ni se le espera, ni es deseado, ni se sabría qué hacer con él.

Pensar el futuro exige diagnosticar con rigor dónde estamos, describir un escenario razonable y, lo más importante, saber gestionar (trabajando, naturalmente, pues el futuro siempre suele ser solidario con quien lo trabaja) las inevitables perturbaciones que introduce nuestro paso por el tiempo (**).

En el número anterior contestamos a las dos últimas de cuatro preguntas: quiénes y cómo han de arreglar lo que pasa. Aquí intentamos contestar a las dos primeras: ¿qué pasa? y ¿por qué pasa lo que pasa?, o al menos a la primera, pues ahora, que ni mando ni obedezco, me ocurre como en los mejores tiempos, que cojo un prólogo (o un micrófono) y no me lo acabo.

¿Qué pasa?

Pues lo que pasa, es que hay una crisis llamada financiera (aunque hay palabras menos piadosas para calificarla) que ha puesto en jaque a buena parte de la Humanidad. Es ésta una crisis de manual, una crisis de confianza, ¡¡cómo si no se supiera ahora que esto del vivir es un pacto de confianza!! Es una crisis que si no fuera porque sus efectos son letales, se podría calificar de estúpida, porque resulta estúpido no haberla detectado y evitado antes, por quienes tenían la obligación de hacerlo. Se podría asimilar a la última gota que hace rebosar un vaso de agua de crisis. Es una crisis estúpida porque pagan justos por pecadores, hayan hecho o no los correspondientes deberes. Estas crisis provocan un enrocamiento de la Sociedad, como si se tuviese miedo al miedo, como en la vieja fábula del águila, la gata y la jabalina. Esta crisis, con ser grave no es la más grave. En el caso de España existen dos crisis bajo-puestas, muy anteriores, bastante mayores y aún más graves. Me refiero a la crisis de competitividad (o crisis de rechazo al conocimiento hecho compromiso de Sociedad), y la crisis de valores (la mayor y más nociva, pues es una crisis de cultura cívica) que permite las dos anteriores. Bueno, les prometo, de verdad, que en el próximo número terminaremos esta pregunta y la que nos falta.

No existen precedentes comparables con ninguna de las tres crisis: financiera, de competitividad y de valores, aludidas en el número anterior. Con la crisis financiera parece que nuestro próximo destino y al mismo tiempo punto de partida para salir de la misma será una pobreza endeudada y tutelada.

La crisis de competitividad o de rechazo del conocimiento es, por dos razones, una crisis secular de nuestra cultura: la primera porque “rendirle culto al conocimiento” suele resultar incómodo pues permite aflorar y denunciar debilidades, desviaciones e incompetencias.

No abundan en la Sociedad y en sus Instituciones estructuras “think tank”, de estudio y análisis para diagnosticar situaciones, diseñar escenarios, buscar oportunidades y optimizar problemas. La segunda es que no se sabe lo que es la competitividad. Se cree que la competitividad es sinónimo de productividad y no es así. La competitividad de un país depende en gran parte de factores socioeconómicos e institucionales. Un prestigioso índice de competitividad, el WEF de Davos, establece la competitividad en 110 indicadores, de los cuales, especialmente empresariales son unos 17. España ocupa el lugar 33. Esta no-cultura se compensa normalmente con “órdagos en tiempo real”, que sí forman parte de nuestra cultura, es decir, se dice una “incerteza piadosa” y antes de que haya tiempo de reaccionar, se suelta otra, y así sucesivamente. La crisis de valores o de falta de cultura cívica permite que ocurran las dos anteriores, por ejemplo, que en una Sociedad las responsabilidades puedan ser asumidas por quiénes no tienen condiciones objetivas para ello.

¿Por qué pasa lo que pasa?
Una Sociedad funciona cuando está motorizada por un 20% de la misma (incluídas las cúpulas institucionales, el resto social es “arrastrado” por inercia). En España se tiene la percepción de que tales cúpulas son deficientes.
En una Sociedad Moderna existen diez Instituciones fundamentales que han de ser ejemplarizantes: la Democracia Representativa (Parlamentos, Consistorios…, Legislativo, Ejecutivo…); la Sanidad y Bienestar; la Justicia; la Seguridad; la Información; la Universidad; la Familia; la Religión; la Banca; y el Libre Mercado (Empresa, Comercio)

Conclusión
Una Comunidad como la Valenciana que sabe hacer y hace de todo en todos los sectores, que ha integrado la calidad, ciencia, tecnología y arte en su cultura; abierta a la inteligencia; que tiene una decena de Universidades y decenas de Centros de Investigación; que tiene hijos tan brillantes reconocidos en el mundo como el Dr. Cavadas, el Cardenal Tarancón, Avelino Corma, Pepe Duato, Primo Yúfera, Grisolía, Calatrava, Manuel Valdivia, Ricardo Montesa, Iturralde, Javier Martí, Berlanga, Pepe Bernabeu… (por sólo citar algunos contemporáneos); una Comunidad comunicada con el mundo; con Historia, clima, tradiciones y gastronomía excepcionales, no debería tener problemas en el futuro. El futuro… podría ser bordado.

(*) Nos referimos al buen conocimiento, o conocimiento que rechaza los atajos, porque los caminos de la grandeza no aceptan atajos. Con el conocimiento pasa como con el colesterol, que lo hay bueno y lo hay malo. Los caminos del “conocimiento malo” son dos: el del desconocimiento y el de los procedimientos inconfesables (que son aquellos que no resisten un proceso de confesión). Los caminos del “conocimiento bueno”, son también dos, uno de ellos es el de la Innovación, pero de eso ya hablaremos otro día.

(**)Estas últimas cinco palabras, corresponden a una vieja acuñación: “el tiempo no pasa, pasamos nosotros, el tiempo solo nos presta su reloj de arena”. Y es que el ser humano, suele recurrir a otros, por ejemplo al tiempo, como solución y descargo.

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