Aprendizaje colaborativo: comunidades de práctica y comunidades de aprendizaje o interés

En el contexto actual, donde internet ha desdibujado totalmente las fronteras de espacio y tiempo, se habla mucho del trabajo colaborativo en red o incluso de la economía colaborativa o la financiación colectiva de proyectos, pero ¿qué hay del aprendizaje colaborativo? ¿Cómo se está adaptando el “conocimiento” a esta era de la colaboración?

Un primer cambio en el mundo del conocimiento es innegable. Hoy en día tenemos a nuestro alcance, a golpe de click, ingentes cantidades de información sobre cualquier tema hasta el punto de poder hablar de infobesidad.

Pero, ¿se están llevando a cabo iniciativas reales de aprendizaje colaborativo o en red? ¿Qué tal están funcionando?

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Qué son las comunidades de práctica o de aprendizaje

Si hablamos de aprendizaje colaborativo no podemos eludir hablar de comunidades de práctica y de comunidades de aprendizaje o de interés.

Tanto las comunidades de aprendizaje o interés como las comunidades de práctica están formadas por grupos de personas que comparten unos intereses comunes, es decir, que tienen un objetivo común, por lo que se presupone que su factor de cohesión y compromiso mutuo es fuerte.

Sin embargo, mientras que las comunidades de aprendizaje pueden estar formadas por profesionales de distintos ámbitos, por ejemplo personas cuyo objetivo es aprender chino o llevar un tipo de vida más saludable, el nexo de unión de los miembros de una comunidad de práctica es que comparten profesión.

De hecho, el término de comunidad de práctica fue acuñado por Étienne Wenger, estudioso de los procesos de aprendizaje, tras analizar cómo trabajaban los reparadores de fotocopiadoras de la empresa Xerox. En muchas ocasiones, al reparar la máquinas los trabajadores no seguían los manuales y procedimientos establecidos por la empresa sino que procedían de acuerdo a su experiencia real. Durante el seguimiento que se hizo a los reparadores de Xerox se dieron constató que cuando estos coincidían o se reunían para comer o tomar café, se contaban sus historias de reparaciones, sobre todo las más complejas. De hecho, las llamaban “war stories” y a los mejores reparadores les llamaban “warriors”, incluso tenían listados con los teléfonos de los especialistas en cada tipo de reparación y notas, más o menos estructuradas, de los procedimientos alternativos que seguían.

En definitiva, una comunidad de práctica es un grupo de profesionales de un determinado campo, que comparten la problemática real de su día a día y que, de forma conjunta y colaborativa, aportan soluciones que benefician al conjunto de la comunidad. Su razón de ser radica en la idea de que existe una diferencia notable entre la teoría y la práctica de una profesión y de que solo en el día a día pueden hacerse visibles los verdaderos “problemas” que tiene un determinado procedimiento o acción.

Las comunidades de aprendizaje y de práctica pueden aplicarse tanto en el mundo de los negocios y de la educación, donde son más frecuentes, como en otros ámbitos como el del gobierno, asociaciones vecinales, grupos de aficionados o personas con una misma causa o problemática común (grupos de pacientes o de apoyo, por ejemplo) . 

El conocimiento es un activo crítico en cualquier tipo de organización. Y la novedad de las comunidades de práctica es que el foco se pone en las personas y en las estructuras que les permiten aprender los unos de los otros

Características de las comunidades de práctica

El primer aspecto a tener en cuenta, es que las comunidades de práctica o de interés, no surgen de la nada, sino que se desarrollan sobre redes sociales ya existentes, pero que no están articuladas. La mayoría de las personas tienen una afición a la que dedican gran parte de su tiempo libre y sobre la que quieren aprender de forma constante. Igualmente en el ámbito profesional existen ámbitos de especial interés para nosotros y que nos motivan pues creemos que si mejoramos en esos aspectos nuestro desempeño mejorará considerablemente. Las comunidades de práctica o interés que logren articular estos intereses ya creados serán las más exitosas.

Sin embargo, también nos puede interesar crear una comunidad de práctica, por ejemplo, cuando implantamos una nueva herramienta o procedimiento en nuestra empresa y queremos formar e involucrar a todo el equipo en su puesta en marcha y aprovechamiento.

Las comunidades de práctica también son especialmente útiles en empresas en las que hay distintos equipos de desarrollo agile. Por ejemplo, en una empresa de desarrollo móvil en el que se trabaja por funcionalidades y por proyectos, es muy probable que en cada equipo haya gente de iOS y de Android, de frontend y de backend, pero que entre ellos apenas interactúen.

Existe una diferencia notable entre la teoría y la práctica de una profesión

El intervalo de tamaño óptimo para garantizar el buen funcionamiento de una comunidad de práctica, y por tanto, su eficiencia esta entre 50 y 80 miembros. Si los miembros son menos la actividad podría ser demasiado pobre y si son más podría ser difícil de gestionar siendo fácil que se fragmentara en comunidades más pequeñas.

Generalmente las comunidades de práctica tienen la estructura que sigue:

  • Núcleo del grupo. En el se encuentra el coordinador de la comunidad y un pequeño grupo de miembros que lideran las actividades y la agenda de aprendizaje. Constituye un 10-15% de los miembros.
  • Grupo activo. Esta conformado por las personas que participan de forma activa en las discusiones y en las actividades. Suele suponer un 15-20% del total
  • Grupo periférico. Aquí encontramos a personas cuya participación es escasa pero que con frecuencia observan lo que sucede en la comunidad.

Además una buena práctica a la hora de gestionar una comunidad de este tipo es el tratar de enriquecerla periódicamente con aportaciones y perspectivas externas que aviven el debate y fomenten la discusión. Otro aspecto a tener en cuenta es el del ritmo. Demasiadas actividades e interacciones pueden hacer que los miembros de la comunidad se cansen y muy pocas puede hacer que se aburran. Una comunidad exitosa sería aquella que logra combinar momentos de mayor actividad con otros más relajados.

¿Te gustaría promover una comunidad de práctica en tu organización? ¿Qué puede hacer una empresa para fomentar comunidades de práctica en su seno?

Aquí te damos algunas ideas.

En primer lugar, la empresa puede proporcionar herramientas que faciliten el funcionamiento de la comunidad como listas de correo, herramientas TIC, espacios colaborativos en los que compartir la información generada, espacios de difusión, etc. Y, por supuesto, también espacios físicos en los que realizar reuniones o propiciar el diálogo.

También pueden crearse incentivos específicos para premiar la iniciativa y la colaboración en el desarrollo de las comunidades de práctica.

Sin embargo, lo más importante es que la empresa facilite que las personas puedan participar en ellas. Es decir, no puede poner problemas para que dediquen una parte de su tiempo a ellas. Los trabajadores deben ver que para la organización la actividad de la comunidad es valiosa y no algo secundario y prescindible.

Otra cosa a tener en cuenta es que la empresa puede establecer un mínimo exigible de personas interesadas antes de crear una comunidad e identificar cuál va a ser su núcleo.

Las comunidades de prácticas o interés pueden ayudar a las empresas a identificar tecnologías, herramientas, nuevas línea de negocio o interés. Además fomentar su aparición y continuidad ayudará a que el flujo de conocimiento quede dentro de la empresa y esta se vea enriquecida.

Ejemplos de comunidades de práctica de éxito

  • TutorIC: Es la comunidad de práctica que puso en marcha el Instituto Cervantes en enero de 2017 y que acoge a todos los profesores de español como lengua extranjera con experiencia o interés en la tutorización de prácticas docentes.
  • Virtaula, plataforma creada por distintas entidades bancarias y cajas, para la gestión de la inteligencia colectiva de sus empleados. La plataforma además de ofrecer y gestionar formación, es un espacio en el que compartir documentación y buenas prácticas.

 

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