Cinco horas a la semana para ser mejor profesional

La próxima vez que por tu mente cruce la frase ‘no tengo tiempo para esto’, intenta recordar lo que Warren Buffet apuntó en su autobiografía ‘The Snowball’ hablando de su socio Charlie Munger:

“Charlie, cuando era un joven abogado, ganaba unos 20 dólares la hora. Reflexionó, ¿cuál es mi cliente más valioso? Y decidió que era él mismo. Por lo tanto, decidió que iba a venderse a sí mismo una hora cada día. Esa hora la situó pronto por la mañana y la usó para trabajar en proyectos personales. Todos deberíamos tratarnos como un cliente y después, trabajar para el resto”.

Hoy Charlie Munger atesora una fortuna de 1.200 millones de dólares.

Si juntamos todo el tiempo que pasamos revisando Twitter, mirando las noticias online en el móvil, leyendo mails que no vamos a contestar en ese momento o contestando mensajes que no son urgentes, fácilmente dispondremos de una hora diaria para dedicarla a nosotros mismos.

El objetivo es claro: Que esa hora sirva para que nos vayamos a la cama más inteligentes, despiertos y curiosos que el día anterior. Por ello, nuestra propuesta es que pongáis en práctica ya mismo la regla de las cinco horas que personalidades como Obama, Bill Gates u Oprah Winfrey han hecho tan popular.

Razones por las cuales debes reservar una hora de tu día a ti mismo y mejorar tu vida profesional de forma exponencial

  • ¿Recuerdas tu primer día de trabajo? Estabas asustado, temiendo los errores. ¿Recuerdas cuando llevabas un año trabajando? Eres capaz de hacer varias tareas a la vez y aunque has cometido algún error, sigues aprendiendo. ¿Sabes lo que te pasa cuando llevas cinco años? No has mejorado un ápice. Te has estancado.¿Cuál es la única manera de poder mejorar, salir de esa zona de confort y ser más productivo? Leer. Puedes esforzarte por mejorar tu productividad, sí, hacer listas de tareas y reuniones más cortas. Pero solo leyendo te convertirás en un profesional más capaz y preparado y eso repercutirá en tu productividad, en tu capacidad de asumir mejores retos, en tus éxitos y muy probablemente, en tu sueldo. Volvemos a Warren Buffet:

“En general, invertir en ti mismo es lo mejor que puedes hacer – invierte en cualquier cosa que mejore tus capacidades. Nadie puede cobrarte por ello o arrebatártelo”

  • Tim Armstrong, CEO de AOL, hace que su equipo de seniors dedique cuatro horas a la semana a pensar. Jeff Weiner, CEO de LinkedIn o Brian Scudamore, creador de O2E Brands, dedican dos horas diarias a reflexionar.Podemos pensar ante un folio, podemos pensar andando, yendo en bici o en la bañera. Podemos salir a correr con una idea en la cabeza, hablar por teléfono con un socio o usar una pizarra para ir plasmando nuestros pensamientos, ¡pero debemos hacerlo! Solo cuando damos rienda suelta a nuestra mente, sin distracciones, es cuando podemos sacar todo nuestro potencial.¿Nuestro consejo? Desconectar móvil y correo electrónico, no usar redes sociales. O bien ante el portátil o bien ante una libreta, una hora diaria a desarrollar esa idea de negocio que se nos resiste, a resolver ese problema empresarial, a buscar soluciones, a darle forma a cualquier proyecto pendiente… ¡De otra manera, es imposible crecer!
  • Leemos muchas historias sobre Elon Musk, Gates, sobre el creador de Amazon o de Google. Y la razón es que son personas únicas, con capacidades increíbles. No decimos que nos podamos parecer a ellos, pero si no invertimos en ser mejores, ¡nunca nos acercaremos! Como bien dice Marc Andreessen:

“Adquirir capacidades y aprender a hacer cosas está infravalorado. La gente sobrevalora el valor de saltar al fondo del pozo, porque es saltando cuando la gente se ahoga. Hay tantas historias sobre Mark Zuckerberg porque hay pocos Mark Zuckerberg. Y muchos están flotando sobre el agua del pozo. Por ello es importante estudiar para adquirir mejores habilidades’.

Por lo tanto, si tenemos la costumbre de tomar cinco piezas de fruta al día, andar 10.000 pasos, beber dos litros de agua… ¿Tan descabellado es dedicar una hora al día a formarnos? Podemos dedicarla a estudiar inglés, a hacer un curso a distancia, a acudir a conferencias, charlas o programas formativos en nuestra ciudad… Las posibilidades de formación son infinitas y nos acercarán a ser mejores profesionales si de verdad nos comprometemos a darles una hora diaria.

¿Cuáles son los beneficios de dedicar una hora al día a nosotros mismos y nuestra mejora profesional?

  • La última década nos ha enseñado que servicios y productos que antes tenían un coste importante (cámaras de vídeo, GPS, juegos de ordenador, enciclopedias…) ahora son gratis y muchas están al alcance de nuestra mano o de nuestro teléfono. Paralelamente cada día surgen las profesiones del futuro (analistas de datos, biotecnólogos, diseñadores…) relacionadas con la tecnología que todos demandamos y otras profesiones antes muy extendidas están desapareciendo.¿Qué enseñanza podemos extraer? Que el futuro está en formarse para poder aspirar a seguir progresando a nivel laboral e introducirnos en las industrias que a día de hoy demandan nuevos profesionales. Tomemos por ejemplo el mercado de coches autónomos, ¿puede un ingeniero que estudiara hace diez años y que no se haya reciclado aspirar a aportar algo a esa industria? ¿Y si ha dedicado durante un año una hora diaria a formarse en las habilidades que se necesitarán en ese mercado? Ahí está la diferencia.
  • Dedicar una hora a algo para nosotros, algo que sabemos que solo repercute en nuestro bienestar y progreso, algo que nos ayuda a aislarnos y a pensar… No puede ser más beneficioso. Barack Obama resaltó a lo largo de sus ocho años de mandato cómo la lectura fue parte crucial del mismo ya que le ofreció la oportunidad en continuas ocasiones de frenar y tomar perspectiva.

“No sé si me ha hecho mejor presidente, pero puedo decir que me ha permitido mantener cierto equilibrio durante esta carrera de ocho años”.

¿Cómo sacar esa hora para nosotros?

Debemos incluirla en nuestro plan diario, siguiendo el consejo de Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y un gran intelectual en su época. Él organizaba su día en torno a su tiempo para sí mismo y la primera del día siempre era leer, investigar o escribir. Absolutamente ineludible e imprescindible. Después trabajaba, descansaba, volvía al trabajo y acababa su jornada con cierto descanso y un reparador sueño de seis horas.

No se trata de organizar nuestro día y buscar el hueco, sino de crear el hueco como imprescindible y reorganizar el resto de tareas. Solo así conseguiremos sacar esa hora que nos permitirá llegar más lejos como profesionales, mucho más que estar mirando Twitter, leyendo emails en la cama o contestando mensajes nada urgentes.

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