¿Cómo puede el pensamiento sistémico ayudarme en mi día a día?

Empecemos por el principio. ¿Qué es el pensamiento? ¿Hay distintos tipos? ¿Podemos hacer uso de distintos tipos de pensamiento dependiendo de la situación?

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El pensamiento es la capacidad que tienen las personas de formar ideas y representaciones de la realidad en su mente, relacionando unas con otras. Es lo que nos permite ordenar, dar sentido e interpretar los distintos estímulos e informaciones que nos llegan para formar nuevos conceptos, resolver conflictos o tomar decisiones.

En nuestra cultura y sociedad actual priman el pensamiento analítico y deductivo. Nuestro sistema educativo así como el avance de la ciencia y la difusión de sus metodologías, han contribuido al auge de la lógica deductiva, el análisis por descomposición (para resolver un problema complejo lo mejor es dividirlo en partes más pequeñas) y la búsqueda de la dupla causa-efecto.

Pero este no es el único camino. Hay muchos otros tipos de pensamiento y metodologías que podemos aplicar en la toma de decisiones y la resolución de conflictos, y en definitiva, a la hora de comprender nuestro entorno. En este cuadro puedes ver una pequeña clasificación de los tipos de pensamiento existente.

Clasificación:

  • Pensamiento deductivo: va de lo general a lo particular.
  • Pensamiento inductivo: es el proceso inverso del pensamiento deductivo, es el que va de lo particular a lo general.
  • Pensamiento analítico: realiza la separación del todo en partes que son identificadas o categorizadas.
  • Pensamiento de síntesis: es la reunión de un todo por la conjunción de sus partes.
  • Pensamiento creativo: es la producción de nuevas ideas para desarrollar o modificar algo existente.
  • Pensamiento crítico: permite evaluar el  conocimiento,  decidiendo  lo  que  uno realmente cree y por qué.
  • Pensamiento interrogativo: es el pensamiento con el que se hacen preguntas.
  • Pensamiento sistémico: sistémico deriva de la palabra sistema, lo que nos indica que debemos ver las cosas de forma interrelacionada.

Algunos autores también aluden a otros tipos de pensamiento que recogen otras perspectivas.

Comprendiendo el pensamiento sistémico

De todos ellos, hoy nos gustaría detenernos en el último: en el pensamiento sistémico. La clave para comprender este tipo de pensamiento es la idea de que cada objeto/ser no está solo en el mundo, sino que forma parte de un sistema, y que su funcionamiento/comportamiento depende de ese sistema y de cómo éste se relaciona con los otros sistemas que le rodean.

Si nos fijamos a nuestro alrededor, existen determinados “elementos” que son difícilmente entendibles desde una perspectiva del pensamiento deductivo o analítico y ahí es donde entra en juego el pensamiento sistémico. Éste resulta especialmente útil para comprender por ejemplo, el comportamiento de las personas (su psicología) o el funcionamiento de una familia, una organización o empresa, un equipo de trabajo, un país y su sociedad, las finanzas, el medio ambiente o los propios procesos del adquisición de conocimientos y aprendizaje.

En todos estos casos, si permanecemos cegados por el método científico, con su visión causal y mecanicista, estaremos dejando de lado elementos tan importantes como las intenciones, el contexto, la época y las sinergias y relaciones. El pensamiento sistémico es clave para tener una perspectiva más detallada, dinámica y divergente de la forma en la que funciona el mundo.

El pensamiento sistémico nos puede ayudar a comprender el funcionamiento de las sociedades, las empresas, las familias o los equipos de trabajo

Conceptos clave en el pensamiento sistémico

La interconexión. Todo, absolutamente todo, está interconectado. Y todo (seres vivos e inanimados) necesitamos de otros elementos para sobrevivir. Por ejemplo, una flor necesita de luz solar y un coche de gasolina, entre otras cosas.

La síntesis. Es la capacidad que tenemos o no de ver las interconexiones. El comprender al mismo tiempo las partes y el todo dentro de un sistema, así como las relaciones y las conexiones que existen entre las partes.

La emergencia (no de urgencia sino de algo que emerge). Cuando distintos elementos se combinan de forma natural emerge algo nuevo. Es el resultado de las sinergias.

Bucles de retroalimentación. Entre los distintos elementos de un sistema constantemente se establecen flujos y dinámicas. Los dos principales bucles de retroalimentación son:

  • El refuerzo. El crecimiento exponencial de la población mundial podría ser un ejemplo. Los bucles de refuerzo no siempre son buenos, puesto que una sobrecarga de elementos de un mismo tipo puede colapsar el sistema.
  • El equilibrio. La naturaleza nos da un ejemplo muy claro en la dupla depredador/presa. Si de forma artificial se aumenta la población de alguno de ellos, el equilibrio se rompe y el ecosistema se resiente.

La causalidad. Cómo una cosa lleva a otra, que influencias hay entre los elementos de un sistema.

¿Cómo puede el pensamiento sistémico ayudarme en mi día a día?          

Generalmente cuando tenemos un problema, de la índole que sea, tendemos a buscar su origen en acontecimientos próximos, tanto en tiempo como en espacio. Sin embargo, si recurrimos al pensamiento sistémico, nos damos cuenta de que el origen puede estar en uno o en varios sistemas mayores e interconectados que no somos capaces de discernir.  A consecuencia de esto, lo normal es que vayamos “apagando fuegos”, resolviendo en nuestro día a día pequeños problemas tangibles y que es posible que reaparezcan con frecuencia.

A los humanos nos cuesta ver amenazas escondidas en sistemas mayores (como la contaminación o las crisis energéticas)

Para no caer en lo que se denomina “ceguera sistémica”, debemos revisar con regularidad cuáles son nuestros propósitos vitales, principios y nuestros objetivos a medio/largo plazo. Comprender nuestro día a día como si de un sistema se tratase nos dará una nueva perspectiva. Pararnos a pensar que conexiones existen entre nuestra faceta profesional y personal, por ejemplo o revisar nuestras relaciones familiares y de amistad o las que hayamos establecido en nuestra vecindad u otros grupos sociales.

Y a nivel empresa la primera premisa que hay que tener en cuenta es que la decisión tomada por un departamento puede tener implicaciones tanto para el resto de departamentos de la empresa como para clientes, proveedores, competencia, etc. Por tanto, la empresa debe ser entendida como un sistema conectado en el que la comunicación a nivel interno debe fluir y ser lo más transparente posible.  Lo mismo sucede, por ejemplo, con nuestra productividad. Una pequeña desviación en nuestro plan del día puede tener repercusiones en ámbitos insospechados. Aplicar metodologías como GTD puede resultarnos muy útil en este sentido. Del mismo modo, identificar, los eslabones más débiles de la cadena de nuestra productividad e incidir sobre ellos, puede hacer que nuestro rendimiento aumente de manera signficativa. Es como si eliminamos de nuestro trayecto diario un tramo con retenciones frecuentes y logramos sustituirlo por otro más fluido. La velocidad media de nuestro desplazamiento mejorará de forma sustancial.

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