La “i” bastarda

Es el camino para crear el futuro, es la base de la adaptación de las empresas y organizaciones, cuando se torna disruptiva cambia las reglas, derriba dogmas y establece un nuevo orden y un nuevo estado del arte. Podemos aplicarla en todos los ámbitos de la sociedad, en todos los sectores empresariales e incluso podemos adoptarla como filosofía de vida… Pese a todo ello la escribimos en minúscula y al final de sus hermanas “mayores”. Sí, me refiero a la “innovación”, esa “i” chiquitita que ponemos al final de la expresión I+D+i.

Son la Investigación y el Desarrollo a quienes se destina más recursos, las que reciben subvenciones y premios, a las que se dedican multitud de centros de investigación, institutos tecnológicos, laboratorios, universidades… Son las que están regladas, a las que se dedica inversión y personas, las que se asientan sobre sólidas bases científicas, las que son verticales a sectores y actividades.

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En cambio, la innovación es la argamasa que une esa I+D a la estrategia de la empresa. Se asienta más en la experiencia, la intuición y la creatividad. Es, por su propia naturaleza, transversal y permite alinear la I+D con la visión de la organización y la generación de valor para el cliente.

Hace poco leía en prensa que la empresa que más ha incrementado su cotización en bolsa desde el año 2000 ha sido Monster, con una revalorización del 60.000% (quién pillara un Delorean para viajar a un pasado tan reciente e invertir unos ahorrillos…). Es un caso extremo, cierto, pero también es cierto que es un caso que muestra muy claramente como la innovación puede transformar los fracasos iniciales si está bien enfocada en un segmento de cliente y una buena comunicación, el desarrollo de identidad de marca y la asociación estratégica con otras empresas, en un gran éxito. No creo que Monster se caracterice solo por haber desarrollado un nuevo producto o haber investigado nuevos ingredientes disruptivos para sus bebidas (I+D), éstas ya llevaban un tiempo en el mercado y eran otros los “major players”. Se trata, más bien, de un ejemplo de cómo la “i” minúscula bien aplicada lleva a una empresa a resultados mayúsculos.  Han cogido lo que ya existía y han unido diferentes estrategias para construir una gran empresa, entre ellas destaca su asociación con Coca-Cola para utilizar sus canales de distribución.

La innovación es la argamasa que une la I+D a la estrategia de la empresa

La I+D es fundamental y merece toda nuestra atención y recursos para generar un tejido empresarial intensivo en capital intelectual, pero debe asentarse sobre la innovación, o corre el peligro de convertirse en un fin en sí misma. Las empresas necesitan también modelos y herramientas de innovación adecuados a su condición actual, modelos que les permitan evolucionar y explorar cuáles serán sus modelos de negocio, sus clientes, sus propuestas de valor… que les permitan canalizar las nuevas oportunidades y la creatividad de sus personas para aprovecharlas. Y necesitan, además, ampliar sus fuentes de información y conocimiento.

Existen muchas definiciones formales e informales de innovación, pero me quedo con una de Patricio Morcillo que, a mi modo de ver, explicita mejor que ninguna la necesidad de ampliar horizontes que comentaba:

“viendo lo que todo el mundo ve, leyendo lo que todo el mundo lee, oyendo lo que todo el mundo oye, innovar es realizar lo que nadie ha imaginado, todavía”

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Difícil, muy difícil, si siempre recurrimos a las mismas fuentes, los mismos referentes, lo más visto en las redes profesionales, el mismo tipo de perfiles, los mismos caminos, las mismas premisas…

Para “realizar lo que nadie ha imaginado” es fundamental salir de la rutina y abrazar el cambio, abandonar nuestras zonas de confort y explorar nuevos caminos. Apostar por la transversalidad, la multidisciplinariedad y enfoques multisectoriales en nuestras fuentes:

  • Transversalidad: pues la innovación atañe a toda la cadena de valor de la organización.
  • Multidisciplinariedad: la variedad de enfoques eleva la innovación a su máxima potencia.
  • Multisectorialidad: enriquece la innovación con buenas prácticas y planteamientos exitosos en diferentes negocios.

Con una orientación tan presentista como la actual en nuestro país, ahora con control exhaustivo incluido, erramos el verbo en lo que se refiere a innovar, pues no se trata de “estar” sino de “ser” innovadores, y nada define mejor lo que somos que aquello que hacemos (“hacer”).

Este leit motiv de la importancia de “conocer para actuar” y “actuar con conocimiento” es el que da nombre a nuestro club de innovación, pues conscientes de esta necesidad de ampliar el microcosmos y salir de la burbuja de rutina que nos envuelve cada día, creamos en 2014 el Club Innova&acción que, con el encuentro de este mes de mayo, alcanza las 50 ediciones (aquí puedes encontrar los resúmenes de todos los encuentros) y supera los 1400 asistentes. Encuentros con los que traemos a la Comunidad Valenciana los mejores expertos y casos de innovación a nivel nacional e internacional, en un ambiente disruptivo y basado, precisamente, en esa transversalidad, multidisciplinariedad y multisectorialidad.

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