La música no tiene fronteras, es un lenguaje universal

¿Te imaginas un mundo sin música? Para muchos, sería impensable o como diría Nietzsche, un gran error. Escuchar música es una de las pocas actividades que implican el uso de todo el cerebro. Enciende nuestras emociones a través de recuerdos, es intrínseca a todas las culturas y actúa como un lenguaje universal. Hoy en día la música no sólo se utiliza para pasar el tiempo o como distracción: se ha demostrado que trae múltiples beneficios a la salud emocional y física de los seres humanos.

La música es considerada como uno de los medios de comunicación más utilizados. Para la mayoría actúa como un recurso de autoexpresión y de liberación en un contexto determinado. La música es la materialización de los estados de ánimo  y en ello, reside su gran valor terapéutico, su gran poder de evocación, asociación e integración.

Curiosos por conocer este tipo de terapia, este mes de marzo organizamos en el Club de Coaching para una Vida Sana, una sesión de Musicoterapia. Nuestro invitado, Oscar Pérez Aguado, psicólogo, musicoterapeuta y colaborador con la AVMT, nos introdujo una sesión práctica de terapia musical de lo más apasionante.

¿En qué consiste la musicoterapia? En primer lugar, hay que diferenciar que no es musicoterapia. No es una terapia alternativa y no tiene nada que ver con lo esotérico. Forma parte del grupo conocido como terapias creativas (arteterapia, musicoterapia, danza movimiento…) y sólo puede darse cuando se habilita un vínculo entre paciente-terapeuta. No sólo está orientada a personas con trastornos, adicciones o enfermedades degenerativas sino también para niños, adolescentes y adultos que quieran disminuir su nivel de estrés, ansiedad mejorar la autoestima, desarrollar la creatividad y fomentar el desarrollo cognitivo.

Por lo tanto, no es de extrañar que muchos centros y hospitales estén empezando a utilizar este tipo de terapia para mejorar la salud de los pacientes.

[Img #4436]Durante una sesión de musicoterapia, la persona verbaliza sus emociones, reacciona ante el estímulo sonoro, despierta vivencias ocultas en su subconsciente, fomenta su creatividad y se expresa a través de los instrumentos. También suele comentar lo que piensa y siente, estableciendo un vínculo con el terapeuta, que le permite ir resolviendo su problema.
La sesión fue prácticamente una hora de comunicación no verbal, la cual se trabaja solamente con gestos y sonidos.  Nuestra función era expresarnos a través toda clase de instrumentos.

La evolución de la clase fue radical. Al principio, algo tímidos, no entendíamos cómo podíamos comunicarnos a través de la música y de repente, sin darnos cuenta, nos encontrábamos todos en la misma sintonía. Hubo momentos de descarga con instrumentos de percusión, a la vez que momentos de desconexión con instrumentos más étnicos, incluso alguno más atrevido llego a usar la voz (para muchos terapeutas, la herramienta sonora más poderosa).

Todos tenemos un bagaje propio y una historia sonora, por lo que cada uno se llevó un concepto muy diferente de esta experiencia. Sin embargo en algo que sí que coincidimos es: donde no llegan las palabras, llega la música. Y en los momentos en los que resulta difícil hablar o expresar lo que sentimos, la música puede ser un remedio excelente para ello.