¿Malos tiempos para la planificación estratégica?

Sacar tiempo en el día a día de una empresa para dedicar a la planificación estratégica puede resultar complicado. Además, los mercados, la tecnología, la economía y la sociedad cambian hoy tan rápidamente que muchos directivos se plantean si realmente vale la pena pararse a pensar y desarrollar una estrategia para su compañía. En los tiempos que corren parece que se valore y se incentive más la agilidad, la capacidad de adaptación y la flexibilidad. Pero, ¿está reñida una cosa con la otra? ¿Debe una empresa trazar un  plan y ceñirse a él? ¿Debe dejarse llevar por las demandas del mercado? ¿Existe un término medio?

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Un informe de bcg.perspectives, sentencia que hoy más que nunca las empresas necesitan dedicar tiempo a la planificación estratégica. La esperanza de vida media de las empresas se ha visto reducida drásticamente en las últimas décadas. Y la probabilidad de supervivencia de una empresa viene determinada por dos cosas: una es su agilidad y su capacidad para adaptarse a los cambios y la otra es su anticipación, es decir, el análisis detallado de las amenazas potenciales, de las fortalezas de la empresa, de sus necesidades futuras, de la evolución de su mercado, etc. En definitiva, de la planificación estratégica.

¿Cuáles son los secretos de una buena planificación estratégica en tiempos de cambio?

El  problema no reside tanto en el debate planificación estratégica si planificación estratégica no, sino en que la estrategia que se haga sea efectiva y se adapte a las circunstancias actuales. Los expertos señalan la existencia de cuatro características comunes en las planificaciones estratégicas de las empresas más exitosas:

  • Piensan sus estrategias en diferentes horizontes temporales. El propósito de un pensamiento estratégico a largo plazo debe ser definir, validar o redefinir la visión, la misión y la dirección de la empresa. Se trata de una proyección a cinco años vista. A medio plazo la planificación estratégica se debe centrar en elaborar planes de negocio claros y viables y que vayan encaminados a transformar la visión definida en el punto anterior en valor. Por último la estrategia a corto plazo debe cuestionar la estrategia actual, evaluar el progreso y explorar opciones para acelerar los cambios en la dirección deseada.

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  • Fomentan el diálogo y saben hacer las preguntas adecuadas. Existen tantos procesos a la hora de desarrollar una planificación estratégica como directores de estrategia y empresas. En este sentido podemos decir que cada maestro tiene su propia manera de hacer y que establecer cualquier proceso en una empresa siempre conlleva dificultades además de consumir recursos (económicos y de tiempo). Por tanto, no conviene estar constantemente cambiando de metodología ni de equipo a la hora de desarrollar nuestra estrategia. Sin embargo, al final todo proceso de desarrollo de estrategia va perdiendo su efectividad. Si siempre hacemos lo mismo con los mismos actores difícilmente obtendremos ideas innovadoras y transgresoras. Encontrar el equilibrio entre la eficiencia del proyecto y la generación de nuevas ideas es la clave. Las empresas más exitosas optan por mantener sus procesos modificando año a año las preguntas a plantear.
  • Involucran en la planificación estratégica a un equipo amplio, con agentes internos y externos a la compañía (clientes, proveedores, representantes de distintos departamentos, etc.) siempre orquestados por el responsable de planificación y su equipo. Que en el equipo haya gente de distintas edades, procedencias, clases sociales, etc. suele resultar de gran ayuda. Otra buena práctica es integrar a todos los actores desde el principio para que sientan el proceso y la estrategia como suya y aunque no se elijan sus ideas comprendan los motivos y las asuman como propias.
  • Invierten en la ejecución y el monitorización de sus planes estratégicos. Elaborar una estrategia es solo la mitad del trabajo. La otra mitad pasa por llevarla a cabo y evaluar los progresos que se van haciendo. Si las ideas se quedan simplemente en eso corremos el riesgo de estancarnos y de que los agentes involucrados dejen de proponer cosas porque consideran que es una pérdida de tiempo. Establecer hitos, dividir las tareas, evaluar los resultados, realizar un seguimiento… todo esto es importante para dar el paso de la idea a la acción y los resultados.

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