Mindfoodness, ¿practicas una alimentación consciente?

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MindfoodnessTener una relación saludable con la comida es fundamental para tener una vida plena puesto que nuestra alimentación incide directamente en nuestra salud, en nuestra calidad de vida y en nuestro rendimiento, tanto físico como intelectual.

Lo primero que debemos hacer para mejorar nuestros hábitos alimenticios es conocerlos, solo así podremos comenzar a alimentarnos de una forma más consciente. Para ello os proponemos adentraros en el mundo del mindfoodness. Este nuevo término es un juego de palabras entre mindfulness, un técnica que promulga la atención plena al momento presente, y food (comida).

¿Qué es esto del mindfoodness?

El concepto de mindfoodness nace del deseo de establecer una relación saludable con la comida a través del autoconocimiento y el control. ¿Por qué comemos lo que comemos? ¿Qué sentimos al comer determinados alimentos? ¿Realmente comemos cuando sentimos hambre?

La mayoría de nosotros tenemos una relación cuanto menos extraña con la comida. En ocasiones comemos por impulsos, ansiedad o estrés y también utilizamos la comida como fuente de placer, premio o recompensa o para suplir otras carencias afectivas y emocionales. Sin embargo, la mayoría de las veces comemos de forma mecánica sin prestar atención a lo que nos llevamos a la boca porque estamos distraídos con la televisión, el móvil, nuestros propios pensamientos o conversando. En todas estas conductas hay un nexo común: la falta de control.

Algunos teóricos, como la pediatra Jan Chozen Bays (autora del libro Mindful Eating),  y coaches hablan de la existencia de siete tipos de hambre y de la importancia de conocerlos para mejorar nuestros hábitos alimenticios. Son estos:

  • Hambre de vista. Recuerdo que en una ocasión pusieron un cartel enorme de una hamburguesa de McDonalds cubriendo la fachada de un edificio en rehabilitación al lado de mi casa. Durante esa época me apetecía hamburguesa más veces de lo habitual (no soy yo muy fan de este tipo de establecimientos). Luego relacioné ambos hechos. La vista influye enormemente en nuestros comportamientos alimenticios y es especialmente hábil haciendo que desoigamos las señales de saciedad de nuestro cuerpo.
  • Hambre de olfato. ¿Quién no ha pasado por una panadería a primera hora de la mañana y ha estado tentado de hacerse con un buen botín de ensaimadas, croissants o pan recién hecho? Ante situaciones así hay que tratar de ser racional y pensar en sí de verdad se tiene hambre, cuánto tiempo hace que se comió o cuanto está prevista la siguiente comida.
  • Hambre de gusto. Hay personas que sienten la necesidad de probar cosas nuevas y experimentar con las texturas y los sabores. Para romper la monotonía y que comer no resulte una rutina más es importante darle cancha a este sentido. También cuando nos sentimos apáticos o estamos recuperándonos de algún problema de salud.
  • Hambre de estómago. Es la sensación más física del hambre, cuando nos rugen las tripas. En este caso debemos analizar si realmente lo que nuestro cuerpo necesita es comer, quizá lo que nos está pidiendo es que nos levantemos de la silla del ordenador y hagamos algo de actividad física, quizá es ansiedad o aburrimiento o falta de sueño.

En ocasiones comemos por impulsos, ansiedad o estrés y también utilizamos la comida como fuente de placer, premio o recompensa o para suplir otras carencias afectivas y emocionales. Sin embargo, la mayoría de las veces comemos de forma mecánica sin prestar atención

  • Hambre celular. Esta es quizá la más controvertida puesto que no parece haber demasiadas evidencias científicas que la avalen. En cualquier caso se refiere a nuestros instintos más primarios. Por ejemplo, se sabe que el ser humano, por una cuestión de supervivencia, tiene preferencia por el sabor dulce. Otro ejemplo, serían los antojos de las embarazadas o no embarazadas. A todos nos ha apetecido alguna vez chocolate o un helado. Algunos creen que estos antojos son señales que nos envía nuestro cuerpo porque tiene alguna carencia y que la mayoría de nosotros hemos perdido la capacidad de escucharle.
  • Hambre de cerebro. La autora se refiere aquí a los condicionantes, supuestamente racionales, que nos ponemos nosotros a la hora de comer. Ejemplos: hoy voy a comer poco porque está noche salgo de cena y seguro que me paso, con el día que he tenido hoy me merezco un trozo de tarta, si quiero entrar en el vestido para la boda tengo que evitar los fritos, ha salido un informe que dice que tomar quinoa en ayunas es fantástico… El problema cuando basamos nuestra alimentación en este tipo de hambre es que podemos incurrir en dietas desequilibradas o demasiado severas y difíciles de mantener en el tiempo.
  • Hambre de corazón. Es el tipo de hambre que se siente ante un vacío sentimental. Comer no deja de ser un placer y puede recurrirse a él en exceso para compensar insatisfacciones en otras áreas de nuestra vida.

Bays, plantea que antes de cualquier comida, debemos preguntar a cada parte de nuestro cuerpo (corazón, cerebro, células, estómago, boca, ojos y nariz) si realmente están sintiendo hambre y la intensidad del hambre que están sintiendo. Así, podremos evaluar de una forma integral si realmente necesitamos/queremos comer y tendremos un mayor control sobre nuestra alimentación.

Otro aspecto clave del mindfoodness es el conocimiento de las propiedades nutricionales de los alimentos y cuáles son las combinaciones más adecuadas. En definitiva, el tener una cierta base y cultura nutricional, lo que nos permitirá tener una dieta más equilibrada y saludable.

CocinaSaludableTambién puede suceder que en un momento de mayor exigencia, si tenemos que presentar un proyecto importante o si nos tenemos que examinar, queramos potenciar nuestra capacidad de concentración y nuestra memoria. En ese caso es recomendable que comamos, por ejemplo, frutos secos, bayas o frutas del bosque, verduras de hoja verde o pescados azules. También puede ser que queramos adelgazar, ganar masa muscular, que nuestra piel luzca sana… Todas estas cosas podemos favorecerlas ingiriendo determinados alimentos y tener nociones sobre nutrición nos ayudará a ello, pero no debemos olvidar que debemos de hacerlo de una forma consciente y racional y no dejándonos llevar exclusivamente por el “hambre de cerebro”.

Aplicando técnicas de mindfulness a la hora de la comida

La tercera pata del mindfoodness, junto al conocimiento de nuestros hábitos alimenticios y de las propiedades de los alimentos, está la aplicación a la hora de las comidas de ciertas técnicas de mindfulness. Por ejemplo:

  • Prestar atención (y disfrutar) de la presentación de los alimentos, sus colores y texturas, antes de comenzar a comer.
  • Intentar compartir el momento de la comida con gente afín.
  • Desconectar los aparatos electrónicos si es posible, para disfrutar mejor de la compañía.
  • Tratar de ser conscientes de nuestra respiración durante la comida.
  • Tomar conciencia de los sabores y de cómo van variando a medida que masticamos, o cuando los mezclamos.
  • Es importante que nos tomemos nuestro tiempo en cada bocado. Comer despacio también nos ayudará a que nuestro estómago envíe correctamente a nuestro cerebro las señales de saciedad.
  • Prestar también atención a los olores y a las texturas.

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