“Nunca debemos perder la inquietud de los veinte años”

(Entrevista publicada en el nº 58 de Polivalencia Papel – Noviembre-Diciembre 2009)

¿Por qué decide cursar estudios de Arquitectura Técnica en la UPV? ¿Cuál era su vocación cuando era niña?

Cuando era pequeña me gustaba todo lo que estaba relacionado con las artes plásticas: pintar, dibujar, hacer arcilla… En COU podría haberme decantado tanto por la Arquitectura como por Bellas Artes o Ingeniería. Finalmente, me decidí por Arquitectura Técnica porque me gustó el temario, la Escuela, hablé con gente que había estudiado allí…

¿Qué recuerdos y anécdotas guarda de su etapa universitaria? Compañeros, profesores, asignaturas, etc.

Guardo recuerdos muy buenos. Considero que el paso por la Universidad, independientemente de que luego te dediques a lo que estudies o no, es muy positivo porque te forma como persona, te nutre y te aporta un montón de experiencias y vivencias que la gente no debería perderse. Además, en la Universidad hice amistades que aún hoy duran. De aquella época recuerdo, por ejemplo, los nervios en elestómago antes de un examen, las novatadas y la cafetería La Vella, que era la mejor del Politécnico, sobre todo por sus bocadillos de tortilla de patatas que eran estupendos.

¿Tuvo alguna experiencia profesional en el ámbito de la arquitectura?

El último año de carrera estuve realizando prácticas en un estudio de arquitectura. Lo
compaginaba con las últimas asignaturas que me quedaban y con mi trabajo en Canal 9. Luego empecé a trabajar en un programa diario y me resultó imposible continuar. Sí que es cierto que nunca he tenido un trabajo remunerado como arquitecto técnico.


Se inició en el mundo de la televisión de manera casual…

Mis comienzos en la televisión están relacionados también con la carrera. El primer año de
Universidad ya comenzamos a organizar el viaje de fin de estudios. Queríamos irnos a Cuba e hicimos de todo para recaudar dinero: vender camisetas, lotería, hacer fiestas, etc. Por aquel entonces, había un programa en Canal 9 que se llamaba “La sort de cara”, en el que por participar y perder te daban 50.000 pesetas. Uno de los responsables me llamó y me ofreció concursar. Y pensé que, con ese dinero, tendría la mitad del viaje pagado, así que fui y me acompañaron mis compañeros de clase. Luego me llamaron para un casting y lo pasé, me ofrecieron presentar el programa “En hora bona”.

¿Cuándo decide dedicarse profesionalmente a la televisión?

No fue una decisión drástica, sino algo paulatino. Empecé a trabajar en televisión desde primero de carrera y siempre lo fui compaginando. Pensé que, mientras pudiera, estaría haciendo tele porque me gustaba y me aportaba muchas cosas nuevas, y que cuando todo acabase ya me dedicaría a la arquitectura. ¿Y qué ha pasado? Pues que no se ha acabado. Y lo que empezó siendo un hobby se ha convertido en una profesión. Aun así hace seis años, llamé a mi tutor del proyecto final de carrera, Ulises Ponce, porque todavía no lo había entregado y era algo que tenía pendiente. Me encerré durante tres meses, me preparé el proyecto y lo expuse. Es algo que realmente quería hacer.


Actualmente, en el programa que presenta en Cuatro, “Reforma sorpresa”, se ha reencontrado en cierta manera con esta profesión…

En cierta manera sí. Aunque en “Reforma sorpresa” lo hacemos todo de manera exprés y nos basamos más en la decoración y la remodelación que en la rehabilitación o reforma en sí de una vivienda. En cualquier caso, es un programa muy divertido porque realmente estamos en una obra, aunque de menor envergadura.

Además de trabajar en televisión, ha hecho radio y publicidad. Hasta recientemente se ha destapado como escritora de éxito. ¿Qué le ha aportado cada una de estas facetas de su vida profesional?

La publicidad es consecuencia del trabajo que hago. Yo me lo tomo como una recompensa. Es una satisfacción que te reclamen para promocionar una marca. Es un premio. Quizá la radio sea el medio en el que menos me he movido. Empecé haciendo un programa de cine con Andrés Arconada y luego estuve cinco años con Pablo Motos, haciendo un consultorio
sentimental en su programa. Realmente nos lo pasábamos muy bien. Era muy divertido. Por su parte, la televisión es mi medio natural. Sin embargo, hace tres años descubrí la escritura y esta es mi pasión. Ahora la única pena que tengo es que, debido a mi trabajo en televisión con “Reforma sorpresa” y “Perdidos en la tribu”, no puedo ponerme ya con la siguiente novela. Escribir me ha aportado muchas cosas. Es una faceta profesional dura, pero muy gratificante.

¿Qué opina de la televisión, y de los medios de comunicación en general, en España?¿Cree que cumplen con la responsabilidad social que tienen?

Depende del canal y del programa. Hay algunos medios más comprometidos que otros. Creo que hay algunos programas realmente perjudiciales para la sociedad y que se hace mucha televisión basura, aunque también es cierto que los mejores programas de televisión se están produciendo actualmente. Estamos viviendo una televisión de extremos y el espectador tiene que aprender a elegir.

¿Qué consejos daría a los recién titulados y estudiantes del Politécnico de cara a su futuro profesional y personal?

Creo que últimamente se están lanzando muchos mensajes pesimistas a la sociedad. Se incide mucho en el tema laboral y la falta de oportunidades. A mí me gustaría lanzar a los estudiantes un mensaje optimista y positivo porque pienso que poder estudiar supone un lujo. Tener una cultura es básico para el desarrollo individual de cada uno. Creo que el hecho de estudiar tenemos que reconocérnoslo como un mérito. Y si todos los valores y conocimientos que adquirimos durante nuestra formación los podemos aplicar para desarrollarnos en la sociedad como profesionales y personas, pues mejor. En definitiva, les diría que disfruten y aprovechen esta etapa porque los tiempos de la Universidad se van y ya no vuelven. Es una época realmente maravillosa. Y luego, considero que hay que seguir estudiando toda la vida y tratar de no perder la inquietud que uno tiene con dieciocho años cuando entra en la Universidad.
¿Qué cambiaría de la sociedad actual? ¿Y de la Universidad?

Cambiaría muchas cosas: la ignorancia, la prepotencia, la incultura… Y el día que no podamos cambiar, mal iremos. La sociedad en muchos aspectos está enferma. A mí me gusta pensar que evoluciona para bien. Por ejemplo, confío en que el sistema universitario de hoy en día es muchísimo mejor que el de hace quince años. En la actualidad, los alumnos disponen de muchas más opciones y medios a su alcance. Yo tengo una hermana en edad universitaria y veo que está muy bien preparada.
¿Cuáles cree que deberían ser las funciones de una Asociación de Antiguos Alumnos?

Creo que, por un lado, una Asociación de Antiguos Alumnos tiene que tener una parte lúdica y fomentar que los antiguos compañeros de estudios se reencuentren y recuerden viejos tiempos. Y luego, deberían tener una labor constructiva, de apoyo, hacia aquellos que están empezando o quieren mejorar. Cuando terminas la carrera, estás un poco desorientado y necesitas que te apoyen y te aconsejen.
¿Qué retos profesionales de futuro se plantea?

Ahora mismo estoy centrada en “Reforma sorpresa”. Un programa diario requiere mucho esfuerzo, tenemos unas condiciones de grabación muy duras con jornadas de 8 de la mañana a 9 de la noche. Y así todos los días. También estamos poniendo en marcha la segunda temporada de “Perdidos en la tribu”. Y os puedo adelantar que van dos familias de Valencia. Luego mi obsesión más inmediata es ponerme a escribir la siguiente novela.