“Oktoberfest: preparación física y mental”

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Lo que empezó siendo una celebración del enlace matrimonial de Luis I de Baviera con la princesa Teresa ha pasado a ser,  200 años más tarde, una de las fiestas más grandes del mundo. El Oktoberfest atrae cada año a más de 6 millones de personas de cada rincón del mundo, cuadruplicando la población de la ciudad donde se celebra, Múnich, con 1,4 millones de habitantes.

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Para aquellos que vivimos en la ciudad, el Oktoberfest no sólo trae fiesta y cerveza,  sino hordas de gente vestidas con los trajes típicos bávaros (o una copia de ellos) que paralizan el transporte público, saltan en los metros, cantan, gritan… A pesar de ello, es muy posible disfrutar de la fiesta si se dota de una gran paciencia y sigue las siguientes pautas:

  • Mejor visitar la feria entre semana: Los turistas crecen exponencialmente los fines de semana así que lo más cómodo es acudir un día laborable. Las carpas cierran a las 22:00h,  lo que permite tomarse una cerveza y poder ir a trabajar al día siguiente sin ningún tipo de resaca.
  • Conseguir una mesa: lo complicado del Oktoberfest es conseguir una mesa y es imprescindible,  puesto que si no estás sentado no te servirán ninguna Maβ (una de las grandes jarras). En caso de que la carpa esté llena estará cerrada y será imposible entrar.  Hay carpas muy populares entre los extranjeros (la Höfbrau por ejemplo) por lo que trataría de evitarlas.
  • Evitar la lluvia: la gran mayoría de las carpas cuentan con sitios en el exterior, lo que permite dar cabida a más gente. En caso de lluvia el número de plazas se reduce considerablemente, con lo que es conveniente evitar el visitar el Wiesn (así llaman los locales al Oktoberfest) con mal tiempo. Para los más nostálgicos, existe un espacio acotado dentro de la misma fiesta, dónde se recrea cómo era antiguamente el Oktoberfest con sus atracciones de época e incluso hay un pequeño museo. Aquí hay dos carpas, generalmente con familias y lugareños. Hay menos marcha pero nada te impide disfrutar de una buena cerveza.
  • Espectaculares vistas: el recinto está flanqueado por la iglesia de St. Paul cuya torre de 96m de altura ofrece unas increibles vistas. Tan sólo abre durante el Oktoberfest. Tras su visita tenemos una excusa perfecta para tomarnos una cerveza y  retomar el aliento tras subir los cientos de peldaños. Otra opción es subir a la estatua de Bavaria, la figura femenina que simboliza Baviera y que divisa toda explanada de la fiesta.
  • Dentro de las carpas: una vez dentro,sentados en una mesa, se pide una cerveza. Las impresionantemente fuertes camareras traerán las jarras de 10 en 10. Cerveza en mano, cuando suena la música (siempre en directo con bandas de instrumentos de viento y metal), lo más probable es que estés subido al banco, brindando con todos aquellos que te rodeen y cantando cada 5 minutos “Ein Prosit, ein Prosit der Gemütlichkeit” la canción que sin duda más escucharas y con la que más brindaras…y beberás.

El Oktoberfest no deja de ser una feria enorme, donde se mezcla la tradición con el turismo, el olor a almendras garrapiñadas con alcohol. Aglomeraciones, turistas, familias, niños.  Hay cabida para todo. Es algo, que no deberías perderte, al menos una vez en la vida.